En el actual contexto de contracción del crecimiento económico provoca por la crisis económica mundial, vale la pena volver a los principios fundamentales y recordar cuáles son las fuerzas motrices del crecimiento económico. Hace ahora cincuenta años largos que se constató que no es posible explicar el crecimiento económico recurriendo exclusivamente a los tradicionales factores de producción de la tierra, el trabajo y el capital, pues hay un importante factor residual del crecimiento que se debe atribuir al aumento de la productividad impulsado por el progreso técnico o innovación.

Si bien es pronto aún para ver con claridad lo que ocurre en el mundo de la propiedad intelectual a raíz de la crisis, los datos preliminares indican fenómenos interesantes. La historia enseña que la demanda de los derechos de propiedad intelectual decae en las épocas de recesión y depresión. Por ejemplo, en la Gran Depresión, en los Estados Unidos de América, las solicitudes de patentes registraron una caída de 37 por ciento entre 1929 y 1933, y hubo que esperar hasta el año 1965 para que el número de solicitudes superara a las que se presentaron en 1929. El panorama de la situación no presenta contornos claros y lineales, aunque a grandes rasgos se podrían apreciar tres diferencias. La primera es que la actividad de patentamiento no presenta las mismas formas en el ámbito nacional y en la esfera internacional. En efecto, si bien las solicitudes nacionales de patente disminuyen, por ejemplo, en el Japón y el Reino Unido, crece el número de las solicitudes internacionales correspondientes a dichos países, lo cual pone de manifiesto, por un lado, la mayor influencia de la mundialización y, por el otro, que las empresas tienen mejor criterio a la hora de decidir el lugar y el modo de patentar las invenciones. En segundo término, también se aprecian notorias diferencias en la actividad de patentamiento a lo largo y ancho del planeta. En el año en curso, las solicitudes internacionales de patente correspondientes a los Estados Unidos de América se redujeron en 14 por ciento, mientras que las de China registraron un crecimiento de 19 por ciento, de lo cual se desprende que la crisis no aqueja del mismo modo a la innovación. En tercer lugar, las repercusiones de la crisis tampoco son iguales para los distintos ramos de actividad, dado que es dable esperar, por ejemplo, que el sistema de patentes sea utilizado mucho menos por la industria del automóvil, que es una de las que suele presentar gran número de solicitudes de patente. La crisis acarrea tanto amenazas como oportunidades y podría hacer que surjan nuevas formas de realizar la actividad innovadora, dependiendo de la salud económica de las industrias y los países y de la disponibilidad de crédito para emprender actividades que entrañan riesgos.

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ockang

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